Pedir el precio de una página web parece sencillo hasta que llegan propuestas muy diferentes para lo que, a primera vista, es el mismo proyecto. Una incluye diseño, otra parte de una plantilla; una contempla cargar contenido y otra entrega una estructura vacía.
El precio solo se puede comparar cuando entendés qué trabajo incluye cada propuesta. La cantidad de páginas influye, pero no alcanza para explicar la inversión: también importan las funciones, el contenido, las integraciones y las responsabilidades de cada parte.
En esta guía no vas a encontrar una tarifa universal. Vas a encontrar criterios para preparar tu consulta, detectar costos que suelen pasar desapercibidos y elegir con más información.
Primero: ¿qué tipo de sitio necesitás?
Una landing para una oferta concreta
Una landing concentra el recorrido en una acción: solicitar información, reservar una llamada o consultar por un servicio. Puede servir para una campaña o una propuesta específica.
Que sea una sola página no significa que todo el trabajo sea pequeño. Redactar una oferta clara, diseñar sus secciones, conectar un formulario y configurar la medición requiere decisiones. La complejidad cambia si también necesitás gestionar inscripciones, pagos o reservas.
Un sitio corporativo para presentar tu empresa
Un sitio institucional suele organizar servicios, información de la empresa, proyectos y contacto. Puede sumar un blog, distintos idiomas o un panel para actualizar contenidos.
Acá importa tanto cuántas páginas hay como cuántos diseños diferentes necesitan. Diez fichas que comparten estructura no representan el mismo esfuerzo que diez páginas con experiencias y funciones independientes.
Una tienda online para operar ventas
Además del diseño, una tienda implica catálogo, variantes, pagos, envíos y gestión de pedidos. Las reglas comerciales pueden aumentar bastante el alcance: listas de precios, descuentos, stock por sucursal o conexión con un sistema administrativo.
Antes de cotizar, conviene describir cómo vendés hoy y qué debería pasar desde que una persona agrega un producto hasta que recibe su compra.
Qué factores hacen variar el presupuesto
Diseño y experiencia. Adaptar una base existente y desarrollar una identidad visual específica son trabajos diferentes. Ninguna opción es automáticamente mejor: depende de los objetivos, del presupuesto disponible y de cuánto necesite diferenciarse la marca.
Contenido. Definí quién escribe los textos, prepara imágenes y carga la información. Si el proveedor recibe materiales incompletos, puede ser necesario sumar redacción, edición o producción visual. En sitios bilingües, también hay que acordar cómo se traduce y quién revisa.
Administración. Un blog editable, un catálogo y un panel con permisos por usuario requieren capacidades distintas. Pedí que la propuesta explique qué vas a poder cambiar y qué necesitará intervención técnica.
Integraciones. Conectar un CRM, una pasarela o un sistema de reservas no siempre consiste en instalar un complemento. Influyen la documentación disponible, los accesos, las restricciones del servicio y las pruebas necesarias.
Migración. Si reemplazás una web, puede haber que trasladar artículos, archivos y productos, conservar direcciones o configurar redirecciones. Ese trabajo debería figurar explícitamente para no descubrirlo al final.
WordPress o desarrollo a medida: el nombre no define todo
WordPress puede ser adecuado para muchos sitios institucionales y proyectos con edición frecuente. Un desarrollo a medida puede resultar conveniente cuando hay necesidades específicas de experiencia, funcionamiento o integración.
Pero ninguna tecnología garantiza por sí sola velocidad, seguridad o buenos resultados comerciales. También cuentan la implementación, el alojamiento y el mantenimiento. Elegí por las necesidades del proyecto, no por la promesa de una herramienta “sin límites”.
Si estás explorando alternativas, nuestra comparación entre no-code y código a medida puede servir como punto de partida; la decisión final requiere revisar tu caso concreto.
Separá la inversión inicial de los gastos recurrentes
La construcción del sitio es solo una parte del costo de tenerlo funcionando. Antes de contratar, preguntá por estos conceptos:
- Dominio: registro y renovación del nombre del sitio.
- Alojamiento: dónde funciona la web y qué capacidad incluye.
- Licencias o suscripciones: temas, plugins, plataformas y servicios externos.
- Mantenimiento: actualizaciones, controles y tareas acordadas.
- Copias de seguridad: frecuencia, conservación y procedimiento de recuperación.
- Servicios variables: correos transaccionales, almacenamiento o consumo de APIs.
No todos se aplican a todos los proyectos. Lo importante es identificar cuáles corresponden, quién los paga y qué ocurre si cambia el uso. También conviene distinguir mantenimiento técnico de nuevas funciones: una cuota no implica necesariamente desarrollo ilimitado.
Qué debería quedar por escrito
Una propuesta útil permite entender qué vas a recibir sin depender de una conversación de memoria. Revisá que contemple:
- Objetivo y alcance: páginas, funciones, idiomas y exclusiones.
- Entregables: diseño, desarrollo, carga de contenido y documentación, según corresponda.
- Materiales necesarios: qué aporta tu equipo y en qué momento.
- Plazos y dependencias: etapas, revisiones y condiciones para avanzar.
- Validación: cómo se presentan las entregas y cómo se informa un ajuste.
- Cambios de alcance: cómo se evalúan y cotizan pedidos adicionales.
- Condiciones comerciales: moneda, impuestos aplicables, forma de pago y vigencia.
- Entrega y accesos: dominio, alojamiento, repositorio y cuentas involucradas.
Si se ofrece garantía, debería explicar qué cubre, durante cuánto tiempo y qué queda fuera. Corregir un error respecto del alcance aprobado no es lo mismo que sumar una función nueva.
Ser dueño del sitio: qué conviene preguntar
“La web es tuya” puede significar cosas distintas. Preguntá qué derechos recibís sobre el trabajo, qué componentes tienen licencias de terceros y qué necesitás para cambiar de proveedor.
Siempre que sea posible, las cuentas clave deberían quedar a nombre de tu empresa y con accesos administrados de forma segura. No es necesario intercambiar contraseñas por chat: muchos servicios permiten invitar colaboradores con permisos específicos.
Si el proyecto usa una plataforma por suscripción, averiguá qué datos podés exportar y qué partes del diseño o funcionamiento dependen de ella. La claridad en este punto evita sorpresas más adelante.
Cómo preparar una consulta que permita cotizar bien
No necesitás escribir un documento técnico. Prepará una descripción breve de tu negocio, el objetivo de la web, las secciones previstas, las funciones indispensables y algunos sitios de referencia explicando qué te interesa de cada uno.
Sumá si ya tenés dominio, contenido o una web para migrar. Compartí también una fecha deseada y un presupuesto orientativo si lo definiste: ayuda a proponer una solución viable y a separar lo imprescindible de una segunda etapa.
Compará las propuestas con esa misma lista. Si una opción cuesta menos, verificá si resuelve lo mismo o si deja tareas a tu cargo. Y si tu problema principal es que el sitio actual no genera contactos, primero revisá estos siete puntos de diagnóstico.
En Nómada Digital Web trabajamos con WordPress y desarrollos a medida según el alcance. Podés ver proyectos en nuestro portfolio y contarnos qué necesitás para preparar una propuesta concreta.